¿Qué tienen en común una red social profesional, un canal de caricaturas y un canal que antes era underground y ponía videos musicales las 24 horas?
El proceso de decrecimiento. Y es más triste de lo que suena.
En los 90, unos ejecutivos que venían del mundo de la animación tomaron un canal, pusieron presupuesto, buscaron mentes creativas y les dieron libertad de verdad. Y de ahí nacieron cosas como el Laboratorio de Dexter o Coraje el Perro Cobarde. Todo el mundo quería ver Cartoon Network, con o sin cable, con o sin permiso de los papás.
MTV fue exactamente lo mismo. El concepto original era pasar videos todo el día, con programas de animación bizarros y completamente desquiciados. Aún recuerdo Celebrity Deathmatch con un cariño que no puedo explicar racionalmente. Era el canal que los papás no querían que sus hijos vieran — lo que obviamente significaba que todos lo veíamos. Creo que ahí vi South Park por primera vez. Una locura absoluta.
¿Qué pasó en ambos casos? Cambio de ejecutivos. Ley del mínimo esfuerzo.
¿Para qué gastar en ideas originales si con Teen Titans Go! la cosa funciona? Y el canal pasó literalmente todo el día esa serie, construyendo una monocultura horrible. En MTV dejaron de invertir y redujeron el presupuesto a: damos unos dólares a un grupo de jóvenes, les damos alcohol, los metemos a una casa y listo — realities. El canal que fue sinónimo de rebeldía, que generó tendencias, que tenía el Unplugged de Nirvana, terminó siendo un pendejo rico llorando porque su BMW no llegó del color que quería. (Suena a broma. Es My Super Sweet 16. Un asco.)
La trampa estaba en las matemáticas: invertir lo mínimo, rentabilizar lo máximo, ir a lo seguro. ¿Qué importa la creatividad? ¿Qué importa la originalidad? Lo que importan son los estados de resultado. Y todos sabemos cómo terminó: CN cerró, MTV murió como tal.
¿Y qué tiene que ver todo esto con LinkedIn y la publicidad?
El ciclo de la muerte por métricas. Te lo explico:
Creas algo. Das libertad creativa. Esa libertad genera éxito e identidad. El éxito llama a los financieros. Los financieros meten plata. Se obsesionan con las métricas. Comienzan a crear contenido genérico pero «seguro». Muere la creatividad. Muere el éxito. Muere la identidad.
Con CN y MTV terminó en el cierre del canal. Con las agencias terminó en fusiones, campañas sin alma y creativos que parecen estar cumpliendo una condena. Y en LinkedIn estamos viendo miles de posts genéricos, intercambiables, producidos en serie, que dejaron de lado completamente la identidad de cada persona.
La ironía brutal es esta: al intentar «asegurar» las ganancias eliminando el factor humano y la intuición creativa, los ejecutivos terminaron destruyendo exactamente el valor de lo que compraron. Las métricas les dieron optimización matemática a corto plazo, pero les costó el alma del canal. Y las audiencias migraron a donde hay libertad — a los creadores independientes, a los raros, a los que todavía se atreven a hacer algo estúpido y genial.
Resulta que la creatividad no entra en una fórmula de algoritmo. Nunca entró. Nunca va a entrar.
¿Cuál es el patrón que se repite en todos estos casos?
El miedo al riesgo. Para un analista financiero, una idea original como Coraje el Perro Cobarde o Invasor Zim es un peligro, porque no hay datos previos que garanticen que va a funcionar. Y tienen razón — no los hay. Eso es exactamente lo que la hace valiosa.
La trampa del mínimo común denominador. Las métricas te dicen qué está viendo la gente ahora mismo, no lo que quiere ver ni lo que podría llegar a amar. Si el algoritmo dice que los niños se quedan tres segundos más con un clip de Teen Titans Go!, la orden corporativa es: «Hagamos 500 episodios de eso y eliminemos todo lo demás». Y así, poco a poco, matas todo lo que era especial.
La destrucción de la identidad a largo plazo. Nadie recuerda con nostalgia un canal que transmitía un reproductor automático de videos de caídas de internet durante 20 horas al día. La lealtad no se construye con eficiencia. Se construye con alma.
Y en LinkedIn estamos viendo exactamente lo mismo, pero en tiempo real y en primera persona.
Lejos de tener más creadores con identidad propia, estamos normalizando el contenido genérico, robotizado, intercambiable. Todo igual. Todo plano. Todo con IA. (Este post lo escribí yo. Puede que lo edite con IA, pero la idea, la rabia y la nostalgia son mías.)
La gente te sigue en LinkedIn por tu creatividad y por tu identidad única. Eso te lleva al éxito. Y entonces te obsesionas con las métricas, dejas de arriesgarte, vas a lo seguro, y terminas muriendo como marca personal en el proceso. Bonito círculo.
¿Cómo lo evitas? Simple de decir, difícil de hacer: atrévete. Equivócate. Rompe cosas. Pide perdón si la cagas y vuelve a intentarlo. Prueba formatos nuevos, enfoques nuevos, ideas que te den un poco de vergüenza antes de publicarlas — esas suelen ser las mejores.
Extraño la publicidad creativa. La disruptora. La que hacía que te quedaras pegado mirando algo que no esperabas. Hoy todo es tan plano que ya ni ganas dan de verlo.
Al final, sé fiel a ti mismo. Creo que esa es mi máxima. Y la única métrica que nunca me ha fallado.
Miguel Angel Ruiz
Socio y Fundador de Agencia Mars