El ser humano tiene 26 sentidos, tal cual lees, no sólo 5, pero para fines prácticos nos remitiremos a los 5 que todos conocen, pero ya sabes, no son 5.

En el marketing la experiencia como vimos anteriormente viene de la percepción y la percepción nace de los sentidos, el primero de ellos la vista.

La vista:

La luz se convierte en señales nerviosas, penetra en el cristalino, la enfoca sobre la retina, llegan a los receptores de luz que son los conos y bastones, se impulsan al nervio óptico en donde se convierten en imágenes y llegan al cerebro, el cual organiza la información. En realidad vemos con el cerebro a través de los ojos, los ojos son la única parte expuesta de nuestro sistema nervioso central.

La audición:

Los sonidos llegan al cerebro después de viajar por el oído y llegar al nervio auditivo y bulbo raquídeo en donde pasan por estaciones repetidoras que transmiten los sonidos a la corteza auditiva que registra los impulsos sonoros de ambos oídos. Todas las ondas sonoras llegan a la corteza auditiva, los ruidos, o sea los sonidos desordenados, son interpretados en el área del cerebro llamada Wernicke. Los sonidos son la base de nuestro lenguaje, las palabras son formadas en el área de Broca que se localiza debajo del lóbulo frontal.

Martin Lindstrom (2008), en sus experimentos a través del uso de equipos de escaneo cerebral, ha determinado que existe relación entre los sonidos y la respuesta emocional del individuo representada en sentimientos positivos o negativos.

El tacto:

Discriminación Táctil: requerida para reconocer el tamaño, la forma y la textura de los objetos.

Propiocepción que informa acerca de la postura, movimientos y Equilibrio. Nocicepción, relacionada con los sensores del dolor; y las sensaciones de temperatura, que registran lo cálido y lo frío del cuerpo (Braidot, 2005).

El consumidor suele relacionar la consistencia, suavidad e incluso peso con aspectos como la madurez, duración, calidad y el placer que pueda percibir de los productos.

El olfato:

En la mucosa de la nariz hay infinidad de terminaciones nerviosas que captan los olores y los transmiten de inmediato al nervio olfatorio para ser llevados al cerebro.

El gusto:

Funciona cuando algún alimento u objeto activa las papilas gustativas que están conectadas a numerosos nervios que llevan la señal hasta el cerebro. Si lo que probamos no nos gusta o está echado a perder, el cerebro reacciona y manda instrucciones para protegernos, una de ellas es la náusea o el vómito.

Cuando creamos una experiencia entonces debemos apuntar a la máxima cantidad de sentidos posibles, los colores afectan nuestra percepción, los sonidos se asocian de forma potente, el tacto nos ayuda a determinar la calidad del producto, el olfato conecta con nuestro sistema límbico y despierta emociones y recuerdos y el gusto nos ayuda a ingerir productos que modifiquen nuestro estado interno como el cacao que libera dopamina. Anuncios

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Escrito por Miguel Angel Ruiz Silva, Director General de Agencia Mars y Experto en Consumer Neuroscience o Neuromarketing

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